ARCHIVO — 27/06/2013 at 10:43 am

El mal de la montaña

por

Santiago Loza pega un salto cuántico corriéndose de su comfort zone de unipersonales para darle voz a 4 personajes que, a través de relatos a público y algunas breves interacciones, van contando la posta del amor, o del desamor más precisamente: “somos el lugar común de la separación” zampa de entrada uno de ellos.

Son cuatro actores de negro sobre una pared blanca y una muy expresiva luz magenta que los encuadra. Están uno al lado del otro, pero no se registran, ¿saben siquiera de la presencia del otro? Por el momento lo único que los une es la música, que se convierte casi en un personaje más de la obra, y lo que todos compartimos desde que el tiempo es tiempo: las desventuras del amor, las inevitables separaciones y los vínculos con la cotidianidad de la convivencia.

Los discursos pasan por la mugre, la basura y los linyeras que se encuentran simbólicamente enraizados en los relatos del amor. Se disparan reflexiones sobre los pobres y sus ironías que se transforman en pobreza vincular, sobre las carencias que piden a gritos un poco más de afecto y sobre las caretas rutinarias que mantienen vivitas y coleando a las apariencias: “soy un cadáver y nadie se da cuenta” dice uno de ellos cuando relata el fin de su matrimonio.

Ella prefiere el mar, la montaña la hace sentir insignificante “la montaña es montaña, se impone, es contundente” y también lo es la falta de aire al subir a la cima, esa misma sensación que se experimenta cuando el amor aprieta tanto que ahoga. La clave está siempre en saltar al vacío, en dejar de apunarse y apenarse por uno mismo ante la inmensidad del mundo y sentirse realmente parte de él. Declararse “parte viva del mundo” y palpar el acantilado, porque solo ahí, en ese abismo, es cuando se hace posible el gran salto.

Salto que Cristian Drut da con los ojos cerrados, de la mano de un elencazo y un texto impecable, para dejarnos flotando en el abismo del desamor un buen rato.

Ficha técnico artística

Dirección: Cristian Drut

Autoría: Santiago Loza

Actuación: Patricio Aramburu, Pablo Cura, Julián Krakov, Natalia Señorales

Diseño de vestuario: Luz Peña

Diseño de luces: Alejandro Le Roux

Diseño sonoro: Rodrigo Gómez

Fotografía: Sol Pittau

Asistencia de dirección: Emmanuel Parga, Sol Pittau

Prensa: Ana Garland

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