Imperdible
120'

Imágenes del universo en movimiento se proyectan en la pared de la sala Orestes Caviglia del Teatro Nacional Cervantes. Una voz en off relata el texto del autor y director Mariano Tenconi Blanco que nos describe la explosión de vida de la que nacimos todos y todo: ante nuestros ojos, el origen del universo y también el origen de nosotros mismos. Y todo eso se creó en tres minutos, menos de lo que tarda en hacerse un huevo duro. Ok, empezamos.

La historia de la amistad de Aurora (Valeria Lois) y Blanca (Lorena Vega) nació hace muchos años, igual que esa explosión que dio origen a todo lo demás. Dos mujeres que viven intensamente, se abrazan, lloran y ríen, juntas y por turnos individuales. Experimentan cada hecho y cada recuerdo de sus vidas con la misma intensidad que la explosión del Bing Bang, porque están hechas de esa misma fuerza creadora. Cada una con sus historias de vida por separado pero compartiendo desde siempre todo lo que eligen y todo lo que el azar les convida. La Vida Extraordinaria es un relato sobre la amistad en clave de metáfora creadora, y habla sobre cómo estas mujeres son quienes son hoy por haber estado siempre en la vida de la otra.

La muerte de un padre, el deseo y el miedo a la maternidad, la traición, el desamor, los amantes…. Todo transcurre entre Ushuaia y Buenos Aires, y en cada viaje los espectadores vamos de acompañantes junto con las protagonistas. Los flashbacks nos llevan al pueblo donde nacieron y se conocieron las amigas, donde pasaron gran parte de su vida antes de que Aurora se instale en Buenos Aires. Uno de los mejores momentos de la noche nos muestra cómo entre veredas nevadas y pequeños negocios familiares, la Blanca adolescente le enseña a una Aurora de la misma edad cómo besar a un noviecito por primera vez: “Nunca vas a besar con esa cara de Virgen”, la provoca.

“La imaginación es autobiográfica” dice la voz de Cecilia Roth mientras en la pared vuelven a proyectarse imágenes de alguna galaxia, de células en movimiento, de organismos microscópicos que se transforman dando origen a algo más. A esta altura de la función ya estamos inmersos en las melodramáticas vidas de Aurora y Blanca. Ellas escriben sus días en un diario íntimo, es la forma que encontraron para trazar un camino que las acerque a ese universo que parece tan lejano. Escriben alegría y tristezas; arriesgan hipótesis del estilo “el amor es un monstruo”. También escriben preguntas. La pieza nos traslada a nuestras propias dudas, esas a las que nunca vamos a encontrarle una respuesta definitiva; lo que importa es el proceso. La poesía atraviesa toda la obra y junto con la analogía galáctica nos plantea que somos parte de algo más grande que no podemos ver a simple vista, y que los cambios en nuestras vidas humanas obedecen a las transformaciones de ese universo infinito que nos incluye. Aurora y Blanca saben que compartimos la existencia con otros fenómenos de naturaleza distinta a la humana hace mas de 4000 millones de años. Quizás no quepa tanta historia genética en un diario íntimo pero un par de años escritos en una hoja de papel son suficientes para hacer seguir avanzando toda esa inmensidad.

Hay algo que merece mención especial: el trabajo y las interpretaciones de ambas actrices. El frenesí emocional y corporal que habitan sobre el escenario, la precisión en cada uno de sus movimientos, y cómo logran la fusión perfecta entre melodrama y humor, es admirable. La historia parece escrita a medida de estas actrices que ya conocemos y amamos. La música en vivo a cargo de Ian Schifres y Elena Buchbinder acompaña de la mejor manera el tono melodramático que plantean el texto y las actuaciones.

Al finalizar, el público entero aplaude de pie y salimos de la sala emocionados luego de dos horas muy intensas. Celebramos y recomendamos sin dudas obras como esta, que nos confirman una vez más que el teatro sigue teniendo ese poder transformador que esperamos de todo arte.

Ficha técnico artística

Autoría y dirección: Mariano Tenconi Blanco

Elenco: Valeria Lois, Lorena Vega

Vestuario: Magda Banach

Escenografía: Ariel Vaccaro

Iluminación: Matías Sendón

Diseño Audiovisual: Agustina San Martín

Música: Elena Buchbinder, Ian Shifres

Asistencia de dirección: Ana Calvo

Producción: Yamila Rabinovich

Coreografía: Jazmín Titiunik

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