Después del estreno en el Cultural San Martin y continuando las funciones en el Espacio Callejón, los sábados a las 20:30 hay Pundonor. El punt d’honor. Ese espacio endeble en el que uno cultiva su dignidad y dedicación para con una labor. Así vemos entrar a Andrea Garrote con su monólogo escrito bajo el brazo, haciéndonos creer alumnos de su cátedra y presentándose como Claudia Perez Espinonsa, una socióloga especialista en Michael Foucalt. Vuelve -después de unos meses de licencia- con el pundonor herido, luego de protagonizar de forma accidental y pública una ruptura con los dispositivos normalizadores que en sus propios teóricos dicta. A esta docente le es imposible no entrecruzarse con los contenidos de cátedra: se pone de ejemplo, lo lleva a lo auto referencial e incita a los alumnos a moverle el amperímetro al status quo.

El monólogo es una joya narrativa. Construye la voz de esta docente, con la impunidad del tono académico y con toda la fragilidad de una profesional inestable y verborrágica. Desde ahí se permite tirar teorías y comentarios filosos como al pasar sobre absolutamente todo: desde el uso de tacos hasta la vulnerabilidad que acarrea el saber, desde lo ficticio del sistema financiero hasta los objetos que hay dentro de una cartera. Con soltura y potencia escénica, lleva a su propio texto hacia los extremos que ella quiere: desde la impotencia de “trabajar por la desesperanza, de buscarle un lugar para estacionar a la desesperanza” hasta la extasiada búsqueda de lo imprevisible como ese único bálsamo contra la chatura de la existencia.

Pundonor surca algunos temas de los pensadores del siglo XX a través de la visión de mundo de La Perez Espinosa. Ya el articulo femenino y el doble apellido gritan, desde su construcción gramatical, docente universitaria de ideales truncos. La escenografía a cargo de Santiago Badillo hace un recorte de  ese mundillo institucional e institucionalizante y nos mete en un aula universitaria, suelta ahí un eslabón más de la cadena, lo visibiliza en su más desgajada normalización y echa su luz fluorescente sobre los particulares periplos mentales de una docente universitaria.

Garrote no pierde la tan teatral oportunidad de moldear ese universo y escenificarlo con tono burlón: el juego paródico con la tiza y el pizarrón o la colocación impostada y lectiva de la voz. Todo – desde las citas eruditas hasta la cosa zonza de jugar con la mimesis y sus detalles, con los discursos y sus patetismos– da solidez a un monólogo que explora las zonas de lo frágil. El honor es frágil.  El saber, también. Los territorios de resistencia y de lucha (el teatro con su cosa de trinchera) son frágiles y endebles. La brillantez del texto está en potenciar desde la singularidad (y la comicidad que lo singular acarrea) el gran vacío contemporáneo y universal, la perdición de saberse rejas de la propia jaula y lo tragicómico de aferrarnos a ese único lugar que no queda, estático, frágil y patético.

Ficha técnico artística

Libro y actuación: Andrea Garrote

Dirección: Andrea Garrote, Rafael Spregeldburd

Escenografía e iluminación: Santiago Badillo

Vestuario: Lara Sol Gaudini

Musica Original: Federico Marquestó

Asistente de dirección: Juan Seré

Producción: Carolina Stegmayer

 

Acceso para Farsos

Si ya sos usuario ingresa, sino hace click y registrate.