¿Qué es el placer? El placer es la pieza que falta. Un sujeto ausente que convoca a otros tres, muy particulares y diferentes, a reencontrarse en una casa anticuada, algo rota, pero sobre todo olvidada, de la costa argentina. La que falta es la madre pero termina por asomarse como relato a partir de los recuerdos. ¿Importa quién era esta mujer o importa en la medida en que desencadena el juego de encuentros y desencuentros entre sus hijos?

Los tres hermanos se conocen de origen, pero parecen no reconocerse del todo en el presente. Sin embargo, cada uno determina su espacio de pertenencia, ejecuta lo que lo define. Dos mujeres, de edades diferentes, y un hombre van de la cama al living mientras fuman, descubren objetos y palabras del pasado, traen recuerdos distintos y diferidos. Cada uno es lo que es y no transa por ser mejor. Cada uno hace lo que puede y esto se nota en lo genuino de sus expresiones, la cadencia de sus acciones: la manera en que prenden un cigarrillo, la manera en que miran a la nada, la forma en que duermen o se sientan, entran o salen del comedor. La manera en la que se ríen o se tornan sombríos frente a una duda. 

El cuerpo, los gestos, y el estilo de cada personaje conforman un pacto orgánico que se destaca gracias a la dirección: un trabajo fino que se observa en el inicio y el cierre de los movimientos de los cuatro (además de los hermanos, está Rubén -amante, vecino, fletero, costero-), en los silencios justos y en la ebullición de sus emociones. Estos movimientos no son lentos ni apresurados. Resulta fundamental ir a verlos, porque la descripción en palabras no alcanza para representar lo que transmiten. 

La escenografía se planta desde antes de empezar la obra, situando al espectador frente a las paredes exteriores de una casa. En este caso, lo desconocido resulta aún más extraño, porque es una perspectiva externa: la visión de la casa forma el territorio de lo incomprensible, como lo es una conversación entre dos personas que no se ven hace mucho. De a poco, es decir lentamente, vemos lo que ocurre puertas adentro. La imagen silenciosa de una de las mujeres llama la atención desde el ventanal por la precariedad de sus actos. Gracias a una escenografía móvil, vale decir que gira sobre su propio eje, nos adentramos en la casa. Este espacio se presenta ajeno y se sabe propio a medida que transcurre la obra. Se vuelve una forma de la intimidad, de a momentos una intimidad incómoda como la calma previa a la tormenta. Pero es una intimidad que se construye con el material de la empatía, la frescura de las emociones que cambian al ritmo de la historia, sin poder preverlas, sin poder medirlas, logrando que el espectador se entregue de lleno a la experiencia que propone la obra. 

A diferencia de lo que se espera, el valor de lo que ocurre entre estos tres hermanos, de alguna forma recluídos en la casa de la madre, no es la reconstrucción del pasado. Sino, lo que logran ahí, en esa experiencia obligada e inesperada: entenderse parte de un sistema familiar que se reactiva a partir de la ausencia. 

El placer, la última obra dirigida por Jorge Eiro y escrita por Jorge Eiro, Sol Fernández López, Zoilo Garcés, Cristian Jensen y Juana Rozas forma parte del ciclo Territorios familiares, curado por Cynthia Edul, en El Cultural San Martín.

Ficha técnico artística

Dirección: Jorge Eiro

Autoría: Jorge Eiro, Sol Fernández López, Zoilo Garcés, Cristian Jensen, Juana Rozas, Manuela Sánchez Almeyra

Actuación: Sol Fernández López, Zoilo Garcés, Cristian Jensen, Juana Rozas

Diseño de vestuario: Manuela Sánchez Almeyra

Diseño de escenografía: Ariel Vaccaro

Diseño de luces: Matías Sendón

Diseño sonoro: Carmen Baliero

Video: Consuelo Iturraspe

Música: Carmen Baliero

Fotografía: Estrella Herrera

Diseño de imagen: Agustín Obregón

Asistencia de dirección: Manuela Sánchez Almeyra

Producción ejecutiva: Zoilo Garcés

 

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