Dos hombres de jean y remera negra aparecen por el costado del escenario. Antes de subir, se sacan las ojotas. Ahora están descalzos sobre las maderas blancas del suelo. Se ponen en posición y el trino de una campanita de mostrador marca el comienzo. Así de minimalista empieza Experiencia II: encuentros breves con hombres repulsivos, la versión teatral de los relatos de David Foster Wallace dirigida por Daniel Veronese

El original de Wallace consiste en una serie de conversaciones entre diversos hombres y mujeres, todas con la misma estructura: él despliega su desagradable retórica machista y ella cada tanto le hace preguntas que no conocemos porque en el texto están elididas. Esta no es la primera vez que estos textos aparecen en la escena porteña. En 2012, el catalán Marc Caellas estrenó su puesta, actuada por escritores y periodistas argentinos, en Fundación Tomás Eloy Martínez. Según la reseña de revista Ñ, en esa versión, la escritora Ivana Romero tomaba el papel femenino y escuchaba, sin hablar, a cada uno de los personajes masculinos largar su monólogo neurótico. 

La versión de Veronese no podría ser más distinta. Es cierto que el texto original, por tener la forma de una conversación, se presta al teatro, pero también es cierto que Veronese completa con absoluta naturalidad los textos de la interlocutora que en el texto de Wallace no participa (sabemos cuándo habla, pero no qué dice). La adaptación a la escena de textos literarios no es un arte fácil, pero Veronese hace parecer que sí. 

Pero no es sólo buen manejo del texto. La subversión fundamental de la puesta es hacer que Marcelo Subiotto y Luis Ziembrowski tomen, por turnos, el rol femenino, lo cual logran magistralmente. Hay algo del lenguaje de estos hombres repulsivos que se suceden sobre el escenario que se vuelve incluso más grotesco cuando es dirigido a una figura masculina. Le quita cabida a todo el andamiaje machista que tenemos grabado en el inconsciente: en vez de mirar a la mujer y juzgarla, no nos queda más remedio que mirar al hombre. 

Además de un brillante escritor, David Foster Wallace fue él mismo un hombre repulsivo. Asedió y acosó a la poeta Mary Karr luego de salir con ella: la trató de empujar de un auto en movimiento y le tiró una mesa ratona encima. Según ella, eso es sólo una mínima parte del abuso que sufrió durante meses, que incluyó seguir a su hijo de cinco años y treparse por la pared de su casa. 

Esta obra también nos recuerda esta parte de la biografía de Wallace que muchos preferirían olvidar. Que no haya mujeres en la escena llama la atención sobre el punto de vista no sólo del texto original sino de esta misma puesta: autor, director e intérpretes son hombres. 

En fin, esta obra es una perlita que, siguiendo el texto original, sabe separarse del mismo en la medida justa. Si leíste los cuentos, te va a encantar. Si no, también. 

Ficha técnico artística

Dirección: Daniel Veronese

Autoría: David Foster Wallace

Versión o traducción: Daniel Veronese

Actuación: Marcelo Subiotto, Luis Ziembrowski

Asistencia de dirección: Adriana Roffi

Diseño de imagen: Estudio Papier

Diseño de iluminación: Ricardo Sica

Diseño espacial: Daniel Veronese

Fotografía: German Romani

Producción: t4 / Jonathan Zak & Maxime Seugé

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