Imperdible
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¿Quién es Pablo Rotemberg? Es coreógrafo, egresado del Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo y de la FUC, es profesor de Música Superior y titular de la Cátedra en el Departamento de Artes del Movimiento de la UNA. Es el director de, entre otras, La Oscuridad cubrió la tierra, La Wagner y El cisne salvaje. Hoy vamos a hablar de La Wagner… si podemos. Porque si algo caracteriza a las obras inolvidables es que pasa el tiempo y sus lecturas, sentidos y efectos en el espectador, se vuelven algo cada vez más complejo y potente de enunciar. Algo así como una ráfaga de sensaciones en el cuerpo, indescriptibles, que provocan impacto y que solo se entienden cuando lo compartís con otra persona que vivió lo mismo.

Por eso para entender lo que vamos a decir a continuación se recomienda, ante todo: ¡ir a verla! El éxtasis se comprende entre pares, personas que comparten su llegada al clímax. La Wagner requiere que el espectador ascienda sereno, como en estado meditativo, a la experiencia de verla. El impacto es enorme y por eso, pide que se esté tranquilo, como entregado. ¿Acaso ingresar al universo de una obra no es un trabajo fino, que necesita de la complicidad de las partes?

Cómo decía, La Wagner al principio te obliga a que entres. Que puedas unir en alguna capa de tu pensamiento consciente al antiguo Richard Wagner, a los personajes famosos de sus obras con algún bolero perdido y, sobre todo, con cuatro cuerpos desnudos que, a su vez, hacen una lectura de todo aquello. El cuerpo es insoportable porque está escrito. Está escrito porque es testigo. Lo que no se puede decir se ve, se escapa, dirige al resto. Es ahí cuando la obra te invita a que, a partir de ahora, dejes que tu inconsciente participe. Es decir, que cierto espacio de interpretación deje de lado lo racional, aunque sin abandonarlo del todo. Recapitulando: La Wagner te necesita atento, pero a la vez salvaje.

Cuatro personas desnudas, que no son hombres, te tiran la posta y ni siquiera necesitan palabras. La verdad está escrita en el cuerpo. Hay que estar dispuesto a leerla. Hay que ser valiente para enfrentarse a un cuerpo herido y hacer algo, igual, con él.

La experiencia de estos cuatro cuerpos desnudos, desnudo a su vez el escenario, todos habitados por luces, a veces colores tenues, otras olas blancas o sombras. Solo cuatro sillas, un micrófono, algunos humos que emergen. Estos elementos, lejos de empobrecer o agrandar la propuesta, están a disposición de aquellos textos, aquellas verdades, haciéndolas o intentando hacerlas más legibles.

Diría que después de verla, ciertos tipos discursivos se resignifican en una clave física: la denuncia, el testimonio, la biografía, el drama, la ironía, el realismo. Si no estás dispuesto a sufrir, no vayas; si no estás dispuesto a gozar, tampoco. Esta obra te requiere, te pide algo, incluso más y te devuelve cambiado. Una mezcla fascinante entre belleza y experiencia.

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Pablo Rotemberg

Intérpretes: Ayelén Clavin, Carla Di Grazia, Josefina Gorostiza, Carla Rímola

Iluminación: Fernando Berreta

Objetos: Mauro Bernardini

Diseño de espacio: Mauro Bernardini

Edición musical: Jorge Grela

Video: Federico Lastra, Francisco Marise, Soledad Rodríguez

Banda de sonido: Jorge Grela, Phill Niblock, Pablo Rotemberg, Armando Trovajoli, Richard Wagner

Sonido: Guillermo Juhasz

Fotografía: Paola Evelina Gallarato, Juan Antonio Papagni Meca, Hernán Paulos

Diseño gráfico: Guillermo Madoz

Asistencia de iluminación: Facundo David, Héctor Zanollo

Asistencia de dirección: Natalia Ponso

Prensa: Marisol Cambre

Producción: Leila Barenboim

Colaboración artística: Martín Churba

Coreografía: Ayelén Clavin, Carla Di Grazia, Josefina Gorostiza, Carla Rímola, Pablo Rotemberg

Dirección: Pablo Rotemberg

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