El pasado 23 de septiembre Iride Mockert dio a luz a su Turba, un unipersonal que viene pensando y a(r)mando hace tiempo. Nos juntamos con ella, con la dramaturga Laura Sbdar y con la directora Alejandra Flechner, tiempo después de haber visto el estreno, curiosas e inquietas por lo que nos había dejado la obra. Iride llega a la entrevista con las trenzas de Turba un poco desmarañadas pero aún hechas, de la función que tuvo la noche anterior. Empieza a hablar ella ante la pregunta de cómo armaron el equipo, y se nota en cada cosa que dice, cómo Turba la atraviesa aún más profundamente que en su cabellera.

Nos cuenta que hace unos años mientras hacía La fiera, empieza a ser abrumada por imágenes poderosas en la cabeza: boleadoras, superpoderes, víctimas de trata, un keytar, máquinas de cocer, talleres clandestinos. Entonces se puso en búsqueda de una dramaturga igualmente poderosa que pudiera encontrarle un rumbo narrativo a todos estos signos. Hizo un casting intimísimo entre algunas recomendaciones de lectura y ella misma, y con los primeros pasajes de Vigilante supo que iba a ser Laura Sbdar. Fue así como juntas confluyeron en una víctima de trata que busca a su hija, también víctima, y que para hacerlo se convierte en heroína gaucha y guacha, alla Martín Fierro, armada de boleadoras y gritos sapucai.

El texto ya consumado ganó el primer puesto al XI Premio a la Nueva Dramaturgia Germán Rozenmacher en el año 2018, fue dedicado al feminismo que va a vencer, y se divide en prosa y verso. Lo del verso fue otra de las imágenes gauchescas que quiso incorporar Iride a toda la obra y que con Laura negociaron que lo llevaría el personaje de Plomito, la hija de Turba, que intenta sobrevivir al infierno a través de la música, de la cumbia que canta todas las noches acompañada de su keytar en el antro. En el negocio, la prosa le tocó a Turba. Y lo que no hizo falta negociar, fue que las didascalias se las llevaría Alejandra Flechner, que le dijo sí al proyecto incluso antes de leerlo.

Turba es la libertadora de América de las manifestaciones actuales de esclavitud capitalista en la región. Ella, en tanto esclava sexual, usa su boca entera para la liberación: las palabras y los dientes. Plomito, su hija, es la artista esclavizada para tapar los ruidos del horror. La Verona es el tercer personaje tácito, la amiga de cautiverio de la protagonista, una voz del más allá que, así como Plomito, también pasa por el cuerpo de Turba. Es decir, por el cuerpo de Iride. Cuerpo una vez más, profundamente atravesado. Luego existe el varón, otro personaje tácito pero necesario. Nombrado, culpable y cómplice, sin nombre, sin peso actoral, es uno y todos los victimarios. Las primeras en liberar a Turba fueron este power trío de actriz, directora y dramaturga, al decidir que el varón no fuera más que un personaje ausente.

La entrada del mundo de lo real es feroz y abrumadora, con esta temática sobre la trata de personas. La búsqueda artística se desentendió de los lugares comunes traducidos en sucuchos al costado de la ruta, y de paisajes del interior del país. Más bien, decidieron, desde la puesta, que buscarían llevar a Turba a un lugar más de lo universal, por eso pensaron en trabajar con un corrimiento de la voz, un extrañamiento en el decir, como puede ser, por ejemplo, en la conjugación de los verbos. El flagelo del texto pasa por el (único) cuerpo de los personajes reinventando lugares nuevos, inventando ficciones que tiran un puñadito de glitter barato al calvario. Para la Flechner, esto es un poco como rescatar a las humanas que viven en clandestinidad desde lo que, justamente, las hace humanas: desde el canto, desde la joda. Buscar la magia y lo bello en el espanto para no revictimizar y no estigmatizar la vulnerabilidad.

Hay, sin embargo, un dato fuerte de lo real en el signo del vestuario de Turba, lleno de marcas que se pueden ir leyendo desde la gacetilla. Los dibujos o frases escritas en su malla funcionan como un mapa en el que deja registro de evidencias, de pistas, de frases que escuchan sobre el posible lugar físico de su paradero. Un intento borgiano de darle entidad geográfica a una ubicación desconocida, pero en la propia piel. Por el otro lado, la fantasía total: la peluca y el vestidito holográfico de Plomito, carnada que distrae de su canto y su protesta.

El teatro y el feminismo une en Turba a tres generaciones de mujeres, actrices, dramaturgas, directoras, en escritura colectiva. “Yo quería, por la temática, que lo contáramos mujeres. Como armar una trinchera feminista de resistencia y hacer algo desde la convicción de lo que se está hablando y con ganas de transformar un toque al espectador sobre uno de los negociados más grandes del mundo”, dice IrideLaura Sbdar, recalca en esto lo hermoso y vengativo del teatro al momento de poder llevar a escena un texto, muy en particular con esta temática que recae sobre los cuerpos de las mujeres, que puede en la posteridad ser siempre resignificado en una nueva contemporaneidad. Alejandra Flechner suma que en su vida artística las mujeres con las que trabajó han sido sus “mojones más pulenta” y que siempre mantiene la “comodidad, la llaneza, la horizontalidad verdadera de poder hablar a bombacha quitada, de intercambiar honestidades”. “Creo que la jerarquía no se arma porque tenemos un objetivo  muy enorme por delante”, remata Laura con el bombardeo de palabras que la identifican. Derribar al patriarcado a boleadorazos.

Ficha técnico artística

Dramaturgia: Laura Sbdar
Dirección: Alejandra Flechner
Idea y actuación: Iride Mockert
Diseño sonoro: Obo Mendez
Música original: Iride Mockert y Javier Estrin
Escenografía: Laura Copertino
Realización de escenografía: Guillermo Manente, Victor Salvatore
Asistencia de escenografía: Melanie Waingarten
Diseño de luces: David Seldes
Asistencia de iluminación: Facundo David
Vestuario: Magda Banach
Asistencia de vestuario: Luciana Hernandez
Pelucas: Mónica Gutierrez
Maquillaje: Daniela Deglise
Realización set-electric: Paul Damian Pregliasco
Fotografías: Nacho Miyashiro
Diseño gráfico: Fermín Vissio
Prensa y difusión: Marcos Mutuverría
Asistente de dirección: Victoria Beheran
Producción ejecutiva: Valeria Casielles
Colaboración artística: Celia Argüello Rena
Diseño de movimientos: Celia Argüello Rena

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