«Estamos construidos en memoria, somos a la vez la infancia, la adolescencia, la vejez y la madurez.» Federico Fellini

Cuatro son las claves que lograron hacer una puesta imperdible en la escena teatral porteña: la dirección de Agustín Alezzo, la actuación de Julio Chávez, la vida de Charlotte von Mahlsdorf y el texto de Doug Wright.  En Argentina, se estrenó originalmente en el 2007 en la sala del Multiteatro y fue un éxito rotundo. Ahora, el mismo equipo la puso en escena nuevamente en la sala Pablo Picasso en el Paseo La Plaza. No hace falta decir nada más para que apagues la compu y salgas corriendo a comprar las entradas para ver esta joyita teatral.

Yo soy mi propia mujer IMPERDIBLE 2016

La obra está atravesada en su totalidad por la problemática de la memoria. Es un trabajo sobre la reconstrucción de la misma a través del relato de Charlotte a quien Doug Wright conoce, incentivado por un amigo, en un viaje a Berlín Oriental. Ella fue un travesti, coleccionista de muebles y objetos de las últimas décadas del siglo XIX, que vivía en una casa convertida en museo y en su sótano preservó el único cabaret Weimar que quedaba en la Alemania del este. Sobrevivió al régimen Nazi, a un padre golpeador, a los comunistas y a la marginalidad. Según los documentos oficiales, sus años finales fueron controvertidos debido a las acusaciones de complicidad con los Stasi (policía secreta alemana), su relato en cambio, era otro.

Julio Chávez se desdobla en Charlotte y Doug Wright a través de un sutil gesto y un dejo melancólico en el habla. Su trabajo actoral es de esos que aplaudís de pie hasta que te pican las manos- y más. Agustín Alezzo fue uno de los grandes maestros de Chávez en su larga trayectoria actoral y ese vínculo se percibe en escena. Él ocupa el centro de la puesta con un simple batón y a su alrededor, unos pocos elementos que nos trasladan de un mundo a otro. 

La obra pone en escena las entrevistas hechas a ella por el autor y las contradicciones entre lo narrado y los documentos registrados. Él pregunta, ella responde larga y detalladamente. He aquí el quid de la cuestión: el mecanismo de la memoria. Ese vaivén entre recuerdo y olvido trabajado tanto desde la construcción colectiva cómo desde la historia personal atraviesa la obra.

¿Cómo reconstruir la guerra en el relato? ¿Cómo narrar lo traumático? ¿Cómo revivir tanto pasado? El presente en escena es incierto, disperso, absorbido por el pasado. Pareciera no existir, el presente existe tan solo como una ínfima excusa para evocar el recuerdo. Por eso Charlotte decidió crear su museo y narrar su historia,  por la necesidad de recordar para no olvidar.

Ficha técnico artística

Dirección: Agustín Alezzo

Autoría: Doug Wright

Actuación: Julio Chávez

Diseño de escenografía: Marcelo Valiente

Diseño de vestuario: Cristina Villamor

Vestuario: Lida Quiroga

Diseño de luces: Felix Monti

Diseño de sonido: Diego Vainer

Coaching actoral: Lili Popovich

Asistencia de dirección: Ramón Gaona

Audiovisuales: Milwatss, Rodrigo Cecere

Música original: Diego Vainer

Stage Manager: Ramón Gaona

Operación de luces: Leonardo Muñoz

Operación de sonido: Carlos Ferreyra

Maquinaria: Damian Lanza, Mauricio Lanza

Jefe técnico: Jorge Pérez

Fotografía: Claudio Divella, Alejandra López

Comunicación visual: Gabriela Kogan

Comunicación digital: Newcycle

Diseño gráfico: Pablo Bologna

Prensa: SMW

Producción gráfica: Romina Juejati

Producción ejecutiva: Javier Madou

Productor asociado: Noemi Slutzki

Producción general: Pablo Kompel

Dirección de producción: Ariel Stolier

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